El jueves 3 de abril de 2026 la Secretaría Nacional de Energía publicó el mayor incremento quincenal del año: la gasolina de 95 octanos subió B/.0.111/L (de $1.144 a $1.255), y el diésel avanzó B/.0.148/L. En términos porcentuales, ambas variaciones superan el 9.7% — un salto inusualmente alto para el mecanismo de regulación panameño.
El detonante es claro: el rebote del crudo WTI. Tras tocar mínimos de cuatro años en $58/barril el 6 de marzo (arrastrado por los aranceles EE.UU.–China y el aumento de producción OPEC+), el WTI recuperó terreno hacia $64-65/barril durante la semana de referencia EIA del 17 al 21 de marzo. Este rebote de casi $7 en pocas semanas se trasladó íntegramente al precio final en surtidor según la fórmula de la SNE, que aplica los costos de refino y transporte del Golfo de México.
En la reunión ministerial del 3 de abril, OPEC+ decidió mantener sin cambios sus cuotas de producción para el segundo trimestre de 2026. Esto, combinado con las sanciones estadounidenses sobre el crudo venezolano y la posibilidad de nuevas restricciones al petróleo iraní, mantuvo el suelo de los precios. Analistas de la EIA estimaban en esas fechas un WTI promedio de $64-68/barril para el segundo trimestre.
El impacto en el bolsillo panameño fue inmediato: llenar un tanque estándar de 50 litros de gasolina 95 costó B/.5.55 más que quince días antes. Para un conductor que llena el tanque dos veces por semana, eso equivale a B/.22 adicionales al mes — equivalente a la canasta básica de abarrotes de dos días. Los transportistas de carga —que operan con diésel— sufrieron el mayor golpe absoluto por la magnitud del incremento en ese combustible.